La inflación podría mantenerse cerca del 2% mensual, mientras el dólar tendría margen para un ajuste gradual. La menor oferta estacional de divisas aparece como una de las claves para lo que resta de 2026.
La economía argentina entra en una etapa en la que dos variables vuelven a concentrar la atención: la inflación y el precio del dólar. Después de varios meses de desaceleración de los precios y relativa estabilidad cambiaria, el interrogante es si esta tendencia podrá sostenerse durante el segundo semestre.
El economista Sebastián Menescaldi considera que la inflación nacional de julio podría ubicarse alrededor del 2,2%, por debajo del 2,9% registrado en la Ciudad de Buenos Aires. Explica que el dato porteño estuvo especialmente afectado por factores estacionales relacionados con las vacaciones de invierno, como turismo, pasajes y alojamiento.
Inflación: el mercado espera que siga cerca del 2%
Para los próximos meses, el escenario central continúa siendo de una inflación mensual cercana al 2%. Menescaldi estima incluso que agosto podría mostrar una desaceleración y ubicarse entre 1,5% y 2%, apoyada por un comportamiento más moderado de alimentos durante el comienzo del mes.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central también mantiene una perspectiva de desaceleración y proyecta una inflación de 29,8% para todo 2026. Es importante aclarar que el REM reúne estimaciones privadas y no constituye una proyección propia del BCRA.
El último dato nacional efectivamente publicado por el INDEC corresponde a junio, cuando el IPC aumentó 1,9% mensual. Por eso, las cifras de julio todavía deben considerarse estimaciones hasta conocerse el índice oficial.
El dólar, alrededor de los $1.500
En materia cambiaria aparece una señal diferente. Menescaldi no considera probable que el dólar permanezca inmóvil alrededor de los $1.500 hasta diciembre.
Su argumento pasa fundamentalmente por la oferta: durante el primer semestre ingresó un flujo importante de dólares comerciales, pero esa disponibilidad suele reducirse durante la segunda parte del año por razones estacionales. Si la demanda se mantiene y hay menos oferta, podría producirse un reacomodamiento gradual del tipo de cambio, aunque no necesariamente un salto abrupto.
Las estimaciones del REM difundidas esta semana van en esa dirección: el consenso de analistas proyecta un dólar mayorista promedio cercano a $1.652 para diciembre de 2026.
¿Si aumenta el dólar vuelve a subir la inflación?
Esta es probablemente la pregunta central.
Durante muchos años en Argentina una suba del dólar se trasladaba rápidamente a los precios. Menescaldi sostiene que esa relación continúa existiendo, pero actualmente es menos intensa que en otros períodos.
La apertura económica, una mayor competencia y una demanda interna todavía débil estarían limitando la capacidad de las empresas para trasladar automáticamente cada movimiento cambiario a sus precios. Los bienes vienen aumentando menos que el nivel general, mientras buena parte de la presión inflacionaria reciente se concentra en servicios.
Un segundo semestre con equilibrio delicado
El escenario que comienza a dibujarse, entonces, no anticipa necesariamente una disparada del dólar ni un nuevo salto inflacionario, pero sí un segundo semestre más desafiante.
Si ingresan menos dólares comerciales, el tipo de cambio podría subir gradualmente. Y si ese movimiento es moderado, el traslado a precios también podría mantenerse contenido.
La clave será hasta dónde llegue ese ajuste cambiario y cómo reaccionen los precios. Por ahora, el mercado espera que la inflación continúe alrededor del 2% mensual y que el dólar termine el año algo por encima de los valores actuales, sin perder de vista que ambas proyecciones pueden modificarse rápidamente ante cambios económicos o financieros
