La investigación advirtió que la repetición de mensajes simples y coherentes puede influir en las creencias de las personas, incluso cuando la información es falsa o no ha sido verificada.
Las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de información para millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, una reciente investigación internacional encendió una señal de alerta al demostrar que apenas unas pocas publicaciones pueden comenzar a moldear la opinión de los usuarios, incluso sobre temas que desconocen por completo.
El estudio, publicado en la revista especializada Information Systems Research, concluyó que alrededor de cinco publicaciones similares son suficientes para que muchas personas empiecen a desarrollar una postura sobre un tema determinado, aunque todavía tengan escaso conocimiento sobre él.
Los investigadores buscaron comprender cómo nacen las primeras opiniones en un entorno digital caracterizado por el consumo rápido de información, donde predominan imágenes, videos cortos y mensajes breves que se suceden constantemente en la pantalla.
Para llevar adelante el trabajo, los científicos realizaron tres experimentos controlados que simulaban el funcionamiento de una red social similar a Instagram. Los participantes observaron publicaciones con imágenes, textos cortos y perfiles aparentemente especializados.
Con el objetivo de evitar prejuicios previos, los investigadores eligieron temas poco conocidos relacionados con la anatomía humana, como el hueso atlas o el nervio mentoniano. De esta manera pudieron analizar cómo se construyen opiniones prácticamente desde cero.
Durante las pruebas, algunos participantes recibieron información verdadera y otros información falsa. Sin embargo, el resultado mostró que, en una primera etapa, la veracidad del contenido no era el factor más importante. Lo que realmente influía era la repetición constante del mismo mensaje y la facilidad con la que podía comprenderse.
Los especialistas observaron que, cuando una explicación aparecía varias veces de forma coherente y sencilla, muchas personas comenzaban a considerarla creíble. A partir de allí, esa primera impresión actuaba como un filtro para evaluar nuevas informaciones.
En otras palabras, una vez que una persona empieza a creer algo, tiende a aceptar con mayor facilidad los mensajes que coinciden con esa idea y a desconfiar de aquellos que la contradicen.
Otro aspecto relevante del estudio fue la influencia de los perfiles que difunden la información. Los participantes mostraron una mayor predisposición a creer contenidos publicados por usuarios que aparentaban ser expertos, incluso cuando no existían pruebas concretas sobre sus conocimientos o credenciales.
Los investigadores advirtieron que este fenómeno representa un desafío creciente en la lucha contra la desinformación. Según explicaron, el problema no comienza cuando una noticia falsa ya se volvió viral, sino mucho antes, durante el proceso inicial de formación de opiniones.
Si una información incorrecta logra instalarse primero y se repite varias veces, puede resultar mucho más difícil modificar esa percepción posteriormente, aun cuando aparezcan datos correctos o verificaciones oficiales.
Por este motivo, los especialistas consideran que las plataformas digitales deberían fortalecer los mecanismos de identificación de fuentes confiables, controlar mejor los perfiles que se presentan como expertos y advertir a los usuarios cuando determinados contenidos dudosos comienzan a difundirse masivamente.
En una época donde millones de personas se informan a través de las redes sociales, el estudio vuelve a poner sobre la mesa la importancia del pensamiento crítico, la verificación de fuentes y el consumo responsable de información antes de aceptar o compartir cualquier contenido.
