El consumo privado cerró 2025 con señales claras de desaceleración, aunque con un dato que aporta algo de alivio: creció cerca del 10 % respecto de 2024 y logró recuperar los niveles observados en el período 2022/2023, según un informe de una consultora privada.
El relevamiento muestra que, tras un primer semestre marcado por una fuerte contracción del poder adquisitivo y una inflación todavía elevada, el consumo comenzó a estabilizarse en la segunda mitad del año. Sin embargo, el ritmo de crecimiento fue perdiendo impulso hacia el cierre de 2025, en un contexto de tasas de interés altas, ingresos reales aún ajustados y mayor cautela de los hogares.
En Rosario, el fenómeno se reflejó con claridad en el comercio minorista y en los servicios. Sectores vinculados a bienes esenciales lograron sostener niveles de ventas, mientras que el consumo de bienes durables y gastos no prioritarios continuó mostrando debilidad.
El informe advierte que la mejora interanual del 10 % se explica, en gran parte, por la baja base de comparación de 2024, uno de los años más complejos para el consumo en la última década. Aun así, la recuperación permitió volver a niveles similares a los de 2022 y comienzos de 2023, aunque sin consolidar una tendencia expansiva firme.
De cara a 2026, las perspectivas para el consumo privado estarán atadas a la evolución de los salarios reales, la inflación y el acceso al crédito. En Rosario, comerciantes y empresarios coinciden en que una recuperación sostenida dependerá de una mayor previsibilidad macroeconómica y de señales claras de reactivación del empleo y la inversión.
