La Sociedad Rural volvió a exigir un cronograma concreto para eliminar los derechos de exportación. El pedido se apoya en señales oficiales de crecimiento, pero reabre la discusión de fondo: qué esquema fiscal necesita la Argentina para sostener desarrollo sin perder equilibrio.
Por Martín Ríos
El sector agropecuario volvió a marcar la cancha. Esta vez, con un reclamo directo: avanzar hacia un “cronograma de eliminación definitiva” de las retenciones. La solicitud, impulsada por la Sociedad Rural Argentina (SRA), no es nueva, pero sí se produce en un contexto distinto, con señales de recuperación productiva y expectativas de mayor volumen exportador.
El detonante inmediato fue el mensaje del ministro de Economía, Luis Caputo, quien habló de un “boom absoluto” del agro y lo definió como motor clave del crecimiento. La respuesta del campo fue clara: si el sector está en condiciones de empujar la economía, necesita reglas más previsibles y menos presión fiscal.
Desde la SRA sostienen que los derechos de exportación (DEX) siguen funcionando como un freno estructural. Según el comunicado, avanzar en su eliminación permitiría transformar un alivio coyuntural en un crecimiento sostenido.
El argumento es conocido pero no por eso menos relevante:
- Menos impuestos → más inversión
- Más inversión → mayor producción
- Más producción → más exportaciones
- Más exportaciones → más ingreso de divisas
En esa lógica, el campo plantea que la recaudación perdida por retenciones podría compensarse con mayor actividad vía IVA y Ganancias. Es decir, cambiar presión directa por expansión de la base imponible.
El reclamo no se da en el vacío. El escenario global suma presión sobre los costos del sector. El conflicto en Medio Oriente impacta directamente en insumos estratégicos como la urea, con subas superiores al 50%, y en el combustible, clave para la logística en un país de distancias largas como Argentina.
Esto genera una tensión adicional: el campo produce más, pero también enfrenta costos más altos.
Desde la mirada del agro, Argentina atraviesa una “oportunidad histórica”. Con precios internacionales relativamente favorables y expectativas de cosecha récord, el sector cree que eliminar retenciones sería el impulso definitivo para liberar su potencial.
Sin embargo, el debate no es solo productivo: es fiscal.
Las retenciones siguen siendo una fuente relevante de ingresos para el Estado. Su eliminación total exige compensaciones claras para evitar desequilibrios, especialmente en un país que aún arrastra fragilidad macroeconómica.
Para regiones como Rosario y el sur santafesino, el tema no es abstracto. El complejo agroexportador —con eje en el Gran Rosario— es uno de los principales generadores de divisas del país.
Más producción significa:
- Mayor actividad portuaria
- Más empleo indirecto
- Más movimiento en transporte y servicios
- Mayor dinamismo en economías regionales
Pero también implica una pregunta clave: ¿cómo se distribuyen esos beneficios en el territorio?
El pedido del campo sintetiza una tensión histórica de la economía argentina: cómo incentivar la producción sin desfinanciar al Estado.
El Gobierno parece apostar a una baja gradual de impuestos, mientras el agro presiona por definiciones más contundentes.
El punto de encuentro, si existe, probablemente esté en el ritmo: ni shock total, ni inmovilismo.
El reclamo por eliminar las retenciones no es solo sectorial. Es una discusión sobre el modelo económico: si la Argentina crece desde la presión fiscal o desde la expansión productiva.
El campo ya tomó posición.
Ahora, la decisión final será política.
