El precio de los combustibles volvió a ubicarse en el centro de la escena económica. Impulsadas por la suba internacional del crudo, las naftas en Argentina ya rozan los $2.000 por litro, con un ajuste cercano al 19% en lo que va del mes.
Por Martín Ríos
Detrás de ese salto no hay un solo factor, sino una combinación de variables que se potencian entre sí: conflicto geopolítico, presión impositiva y estructura concentrada del mercado.
El detonante fue el precio del petróleo internacional, en particular el barril Brent, que superó los USD 100 en medio del conflicto en Medio Oriente, tras haber partido de valores cercanos a USD 72 y alcanzar picos de casi USD 120.
Hoy se mueve en una franja de USD 85-86, pero con una volatilidad que impacta directamente en economías dependientes de la importación de crudo o derivados, como Argentina.
La traducción local de esa dinámica la lidera YPF, que concentra el 55% del mercado, seguida por Shell, Axion Energy y Puma Energy.
Uno de los puntos centrales del problema está en la carga tributaria. Según un relevamiento de Focus Market, el 46,6% del precio final del combustible son impuestos:
- 41,5% Nación
- 3% provincias
- 2,1% municipios
En términos concretos, de un litro a $2.000:
- $365,56 son impuestos
- $1.634 corresponde al valor base
Esta estructura explica por qué las subas se trasladan rápidamente, pero las bajas internacionales no siempre llegan al surtidor con la misma velocidad: el componente fiscal funciona como “piso rígido”.
El aumento de las naftas no sólo impacta en el bolsillo del consumidor, sino también en el índice general de precios.
Dentro del IPC, los combustibles tienen un peso cercano al 3,8%. Esto implica que:
- Un aumento del 10% en naftas: suma aproximadamente 0,38 puntos porcentuales a la inflación
Pero el efecto no se agota ahí. El encarecimiento del combustible impacta en:
- Transporte
- Logística
- Distribución de alimentos y bienes
Es decir, se traslada a toda la economía, amplificando su impacto real.
Desde YPF, su CEO Horacio Marín explicó que los aumentos responden al mayor costo de refinación y a la compra de crudo no propio, asegurando que se trata de un ajuste “transitorio” y menor al de otros países.
Sin embargo, en paralelo, el Estado utiliza los impuestos a los combustibles como herramienta fiscal. La actualización de estos tributos —como el Impuesto a los Combustibles Líquidos y al CO₂— también incide directamente en el precio final.
El comportamiento futuro dependerá de dos variables clave:
- Precio internacional del crudo
- Decisión política sobre impuestos
Según el análisis del sector:
- Escenario moderado:
- Suba del 9%
- Impacto de ~0,3 puntos en inflación
- Escenario de ajuste pleno:
- Subas de hasta 30%
- Impacto superior a 1 punto en el IPC
El problema de los combustibles en Argentina expone una tensión estructural: un país con recursos energéticos, pero con precios atados al mercado internacional y una fuerte dependencia fiscal de los impuestos al sector.
En provincias productivas y logísticas como Santa Fe, el impacto es aún mayor. El costo del transporte incide directamente en la competitividad regional, desde el agro hasta la industria.
La pregunta de fondo no es sólo cuánto vale la nafta, sino qué modelo energético y fiscal sostiene ese precio. Porque mientras el Brent sube y baja como un serrucho, el peso impositivo y la inflación local parecen tener una sola dirección: hacia arriba.
