No se trata solamente de cuánto tiempo pasan frente a la pantalla. Una investigación de la Universidad Nacional de La Plata comprobó que determinadas experiencias negativas en redes sociales pueden aumentar la ansiedad de manera inmediata.
Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de los jóvenes, pero una nueva investigación argentina pone el foco en algo que muchas veces pasa inadvertido: lo que ocurre durante esos minutos u horas de conexión puede ser tan importante como el tiempo total que se permanece frente a la pantalla.
Un trabajo del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, estudió a más de 500 estudiantes universitarios ingresantes y encontró evidencia de un aumento inmediato de la ansiedad después de exponerlos a situaciones negativas habituales en el mundo digital.
El rechazo digital también genera una respuesta emocional
El experimento dividió aleatoriamente a los participantes en dos grupos. Uno fue expuesto a situaciones neutrales y el otro a cinco experiencias hipotéticas pero muy reconocibles para cualquier usuario de redes: publicar algo y no recibir reacciones, recibir comentarios negativos, observar vidas excesivamente idealizadas, encontrarse con un video propio generado mediante inteligencia artificial y sentirse ignorado por amigos.
Después de la experiencia se midió la ansiedad mediante el State-Trait Anxiety Inventory (STAI). Los investigadores encontraron un incremento estadísticamente significativo entre quienes habían sido expuestos a las situaciones negativas, aun cuando la experiencia había sido breve e hipotética.
Un resultado inesperado: mayor impacto en los varones
Uno de los datos que llamó la atención fue que el aumento de la ansiedad resultó mayor entre los varones. Los autores plantean posibles explicaciones, pero advierten que se trata de hipótesis que necesitan continuar investigándose.
El resultado resulta relevante porque buena parte de la discusión sobre redes sociales y bienestar emocional suele concentrarse en adolescentes y mujeres jóvenes. Este trabajo muestra que los efectos negativos del entorno digital pueden alcanzar de diferentes maneras a distintos grupos.
Jóvenes hiperconectados
La investigación también ofrece una fotografía del tiempo dedicado a las plataformas: el 60% de los estudiantes relevados utiliza redes sociales durante más de cuatro horas en días hábiles y la proporción alcanza el 72% durante los fines de semana.
Además, el 28% supera las seis horas diarias durante la semana y el porcentaje llega al 40% los fines de semana.
No alcanza con contar las horas
Quizás la principal conclusión sea precisamente esa. Durante años el debate estuvo centrado en reducir el llamado “tiempo de pantalla”. El estudio argentino propone ampliar la mirada.
No solamente importa cuánto tiempo estamos conectados, sino qué vemos, qué recibimos y cómo nos relacionamos mientras estamos conectados.
Una comparación permanente con vidas aparentemente perfectas, un comentario agresivo, la ausencia de respuestas o sentirse excluido pueden parecer acontecimientos menores detrás de una pantalla, pero el estudio muestra que esas experiencias pueden producir efectos emocionales medibles.
Para familias, escuelas y los propios jóvenes, el desafío ya no pasa únicamente por aprender cuándo dejar el teléfono. También por desarrollar una relación más saludable con aquello que sucede dentro de la pantalla.
