Qué es el “eustrés” y cómo se relaciona con el estrés que conocemos

Qué es el “eustrés” y cómo se relaciona con el estrés que conocemos

No todo el estrés se vive de la misma manera. El llamado eustrés aparece frente a desafíos que sentimos que podemos afrontar y puede aumentar temporalmente la motivación, la concentración y la capacidad de respuesta.

Cuando escuchamos la palabra estrés solemos relacionarla inmediatamente con cansancio, ansiedad, falta de sueño, irritabilidad o exceso de trabajo. Sin embargo, la respuesta de estrés es también un mecanismo normal del organismo para prepararnos frente a situaciones que requieren atención y acción.

Dentro de ese fenómeno aparece un término menos conocido: eustrés, utilizado para describir aquellas situaciones de estrés que son percibidas como manejables y que pueden funcionar como un estímulo.

¿Qué es el eustrés?

El eustrés puede aparecer cuando enfrentamos un desafío importante pero sentimos que contamos con los recursos necesarios para resolverlo.

Una entrevista laboral, comenzar un nuevo trabajo, rendir un examen, hablar frente a muchas personas, competir en un deporte o iniciar un proyecto pueden provocar aumento del ritmo cardíaco, mayor estado de alerta y cierta tensión.

Pero esas mismas sensaciones no necesariamente son experimentadas como negativas.

En determinadas circunstancias pueden favorecer la concentración, la energía y la motivación necesarias para actuar.

Eustrés y distrés: la diferencia está en cómo afrontamos la situación

Una forma sencilla de entenderlo es diferenciar entre eustrés y distrés.

En el eustrés, la persona puede interpretar la situación como un desafío: “es difícil, pero puedo hacerlo”.

En el distrés, en cambio, aparece con mayor fuerza la sensación de amenaza o de no contar con recursos suficientes para enfrentar lo que sucede.

El problema no depende únicamente de la situación externa. También influyen su intensidad y duración, las experiencias anteriores, el descanso, el entorno y los recursos personales y sociales disponibles.

Por eso, una misma situación puede ser estimulante para una persona y resultar abrumadora para otra.

¿Puede el estrés ayudarnos a rendir mejor?

Hasta cierto punto, la activación puede resultar útil.

Antes de una situación importante, el organismo moviliza recursos que permiten estar más atento y preparado para responder. Esa activación puede favorecer el desempeño cuando la exigencia es moderada y existe posteriormente la posibilidad de recuperarse.

Pero más estrés no significa necesariamente mejor rendimiento.

Cuando la presión aumenta demasiado o se mantiene durante largos períodos sin recuperación suficiente, puede producir el efecto contrario: aparecen agotamiento, problemas de concentración, alteraciones del sueño, irritabilidad y una reducción del rendimiento.

El cuerpo necesita volver a la calma

Una característica importante del eustrés es que suele estar asociado a desafíos concretos y períodos relativamente breves de activación.

Después del esfuerzo debería existir un espacio de recuperación.

Por ejemplo, preparar una presentación durante varios días puede generar tensión y mantenernos especialmente concentrados. Una vez terminada, el organismo necesita descansar y regresar progresivamente a su funcionamiento habitual.

Cuando las exigencias se suceden permanentemente y ese descanso nunca llega, resulta más difícil hablar de un estrés beneficioso.

¿Cómo reconocer cuándo cruzamos el límite?

No existe una cantidad de estrés ideal que sea igual para todas las personas.

Una señal útil es observar qué ocurre después del desafío.

Si la situación genera energía, concentración y posteriormente una sensación de satisfacción o recuperación, probablemente la activación haya sido manejable.

Si, por el contrario, la tensión se mantiene, afecta el descanso, altera el estado de ánimo, dificulta las actividades cotidianas o genera una sensación permanente de estar desbordado, conviene prestarle atención y, si persiste, consultar a un profesional de la salud.

El objetivo no es vivir sin estrés

Eliminar completamente el estrés de nuestra vida no sólo sería prácticamente imposible: tampoco es necesariamente el objetivo.

Los desafíos forman parte de estudiar, trabajar, relacionarnos, aprender y desarrollar nuevos proyectos.

La diferencia está en poder afrontar esas exigencias sin que se conviertan en una carga permanente.

El eustrés recuerda justamente eso: la respuesta de estrés no siempre es nuestro enemigo. En determinadas circunstancias puede ser el impulso que necesitamos para afrontar un desafío. La clave está en que la exigencia sea manejable y que, después del esfuerzo, también exista tiempo para recuperarnos.