Migraña: mucho más que un dolor de cabeza y una de las principales causas de discapacidad

Migraña: mucho más que un dolor de cabeza y una de las principales causas de discapacidad

En el marco del Día Mundial de la Migraña, especialistas y organismos sanitarios buscan generar conciencia sobre una enfermedad neurológica que puede alterar profundamente la vida laboral, familiar y social. Reconocer los síntomas y evitar la automedicación excesiva son claves para mejorar su tratamiento.

La migraña suele confundirse con un dolor de cabeza intenso, pero se trata de un trastorno neurológico caracterizado por ataques recurrentes que pueden resultar altamente incapacitantes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las cefaleas se encuentran entre las afecciones más frecuentes del sistema nervioso. En 2021, aproximadamente el 40% de la población mundial —unos 3.100 millones de personas— padeció algún trastorno de cefalea, mientras que la migraña ocupó el tercer lugar entre las enfermedades neurológicas por carga de discapacidad.

¿Cómo reconocer una migraña?

Un episodio puede durar normalmente entre 4 y 72 horas. El dolor suele ser moderado o intenso, pulsátil y en ocasiones localizado de un solo lado de la cabeza o detrás de un ojo. Puede agravarse con la actividad física y acompañarse de náuseas, vómitos y una marcada sensibilidad a la luz y los sonidos.

Algunas personas experimentan previamente lo que se conoce como aura, con alteraciones visuales, sensitivas u otros síntomas neurológicos reversibles.

La enfermedad puede comenzar durante la pubertad y es más frecuente en mujeres. Sin embargo, también afecta a niños y adolescentes, en quienes los episodios pueden presentar características diferentes.

Los desencadenantes no son iguales para todos

No existe un único factor que provoque las crisis. Alteraciones del sueño, consumo de alcohol y determinados alimentos pueden actuar como desencadenantes en algunas personas.

Por eso, una de las recomendaciones es llevar un registro de los episodios: cuándo comenzaron, cuánto duraron, qué se comió, cómo se durmió y qué circunstancias los precedieron. Esto puede ayudar a reconocer patrones individuales.

Mantener horarios regulares de sueño y ejercicio, una alimentación saludable y una hidratación adecuada también forma parte de las medidas recomendadas para reducir el impacto de las cefaleas.

El riesgo de automedicarse demasiado

Un punto especialmente importante es el consumo frecuente de analgésicos. La OMS advierte que el uso excesivo de medicamentos para combatir el dolor puede terminar provocando otra cefalea, conocida como cefalea por sobreuso de medicación o “de rebote”.

Por ese motivo, cuando los dolores son frecuentes o interfieren con las actividades habituales, es importante realizar una consulta médica para obtener un diagnóstico y definir un tratamiento apropiado.

Actualmente existen medicamentos destinados a tratar las crisis y otros utilizados de manera preventiva, cuya indicación depende de cada paciente.

Una enfermedad que todavía se subestima

El impacto va mucho más allá del momento del dolor. Las crisis repetidas pueden afectar el trabajo, los estudios, las relaciones sociales y familiares y la calidad de vida. La OMS señala además que, a nivel mundial, solo una minoría de quienes padecen cefaleas recibe diagnóstico y tratamiento adecuados.

En las Américas, un estudio difundido por la OPS en julio de 2026 estimó que cerca de 470 millones de personas viven con al menos una de las principales afecciones neurológicas, entre ellas la migraña.

El Día Mundial de la Migraña vuelve así a poner sobre la mesa un mensaje sencillo: un dolor de cabeza recurrente no debería naturalizarse. Cuando las crisis se repiten, aumentan de intensidad o condicionan la vida cotidiana, consultar a un profesional puede marcar una diferencia importante.