Cuando las promesas se cumplen: el balance de una gestión que empezó a devolver tranquilidad a Santa Fe

Cuando las promesas se cumplen: el balance de una gestión que empezó a devolver tranquilidad a Santa Fe

Opinión - Martín Ríos

Seguridad, educación, salud y equilibrio fiscal: un repaso necesario de la gestión provincial que rompió una vieja desconfianza social

Durante años, en la Argentina nos acostumbramos a escuchar promesas de campaña que rara vez se transformaban en hechos concretos. Ese quiebre del contrato social fue erosionando la confianza ciudadana y naturalizando el escepticismo. Sin embargo, en Santa Fe ocurre algo poco habitual: una parte central de lo prometido empieza a cumplirse.

La campaña del actual gobernador Maximiliano Pullaro tuvo un eje claro y contundente: recuperar la seguridad en una provincia que había sido golpeada como pocas por la criminalidad. No se trataba de un eslogan vacío. Veníamos de una Santa Fe azotada por el delito, con organizaciones criminales operando desde las cárceles y una sensación de miedo que se había vuelto cotidiana. La realidad superaba cualquier ficción: ni la imaginación más oscura alcanzaba para describir lo que se vivía.

Hoy, sin negar que el problema no está resuelto por completo, los delitos han disminuido de manera significativa. Nuevas leyes —como la de narcomenudeo—, mayor presencia policial en las calles, reformas en el sistema judicial y la ampliación de la infraestructura carcelaria comenzaron a mostrar resultados. De a poco, los santafesinos volvimos a las plazas, a los espectáculos y a la vida pública, recuperando algo tan básico como la tranquilidad.

La educación fue otro de los pilares. Tras años de parches y conflictos, la provincia logró 185 días de clases, con nuevas escuelas, aulas renovadas y un mayor compromiso del sistema educativo en su conjunto. No es un dato menor: sostener la continuidad pedagógica es una señal de orden institucional y de prioridad real.

En materia de salud, la gestión provincial avanzó con nuevos hospitales regionales, centros de atención ambulatoria y una política estratégica de producción pública de medicamentos a través del laboratorio provincial. En un contexto nacional complejo, fortalecer el sistema de salud no solo es una decisión sanitaria, sino también social y económica.

Las obras públicas también volvieron a tener protagonismo en todo el territorio santafesino, con intervenciones que no se concentran solo en los grandes centros urbanos, sino que alcanzan a localidades del interior que durante años quedaron relegadas.

Pero quizás uno de los datos más relevantes —y menos visibles— sea el equilibrio fiscal. Santa Fe no solo ordenó sus cuentas, sino que hoy se encuentra en una situación en la que la Nación le debe a la provincia, un hecho poco frecuente en la historia reciente. Administrar sin endeudarse y sin paralizar el Estado es una señal de gestión madura.

Este balance no pretende ser complaciente ni definitivo. Quedan desafíos enormes por delante. Pero en tiempos donde la política suele decepcionar, reconocer cuando una gestión cumple es también un acto de responsabilidad cívica.

Santa Fe empezó a transitar un camino distinto: el de hacer, más que prometer. Y eso, en una Argentina cansada de discursos vacíos, no es poco.