Un hecho inusual generó preocupación en la localidad cordobesa de Jesús María, donde una mujer denunció que su hija de 14 años fue mordida en el tobillo por un joven que participaba de un encuentro de la subcultura conocida como “therian”.
Según relató la madre, el episodio ocurrió en una plaza céntrica de la ciudad, ubicada a unos 180 kilómetros al norte de Córdoba. La mujer caminaba junto a su hija cuando, de manera repentina y sin mediar palabra, uno de los jóvenes se acercó y la mordió, provocándole una herida que debió ser atendida posteriormente.
Testigos indicaron que el agresor formaba parte de una reunión de integrantes de esta comunidad, cuyos adeptos suelen identificarse espiritualmente o psicológicamente con determinados animales, como perros, gatos, lobos o zorros.
¿Qué es la subcultura “therian”?
El término “therian” proviene de therianthropy (teriantropía), una corriente surgida en foros de internet en los años ’90. Las personas que se definen como therians no sostienen necesariamente que sean animales en sentido físico, sino que afirman sentir una identificación profunda —espiritual, simbólica o psicológica— con una especie determinada.
Dentro de esta subcultura es común el uso de máscaras, colas artificiales y accesorios vinculados al animal con el que se identifican. También pueden adoptar posturas o movimientos inspirados en ese comportamiento, como caminar en cuatro apoyos o emitir sonidos característicos.
Especialistas en fenómenos culturales juveniles señalan que, en la mayoría de los casos, se trata de formas de expresión identitaria que se desarrollan en espacios virtuales y encuentros organizados, sin implicar conductas violentas.
¿Qué significa “shift”?
En el relato de testigos del hecho en Jesús María se mencionó que el joven se encontraba en un estado denominado “shift”. Dentro de esta comunidad, el “shift” es descrito como una experiencia subjetiva en la que la persona siente que su conexión con el animal con el que se identifica se intensifica.
Existen distintas interpretaciones del término: algunos lo describen como un cambio emocional o sensorial; otros como una inmersión psicológica más profunda en esa identidad simbólica. No se trata de una transformación física real, sino de una vivencia interna.
El episodio, sin embargo, abrió un debate en la comunidad local sobre los límites entre la expresión identitaria y las conductas que puedan afectar a terceros. La familia de la adolescente realizó la denuncia correspondiente y se espera que la Justicia determine responsabilidades en el caso.
Mientras tanto, el hecho generó interrogantes sobre la necesidad de garantizar la convivencia y la seguridad en los espacios públicos, especialmente cuando involucran a menores de edad.
