El 58,7% de los hogares urbanos utilizó alguna modalidad de financiamiento durante el primer trimestre de 2026. Las familias con menores son las que más recurren a estas herramientas y crece la preocupación por las dificultades para cumplir con los pagos.
El financiamiento se convirtió en una herramienta habitual para una parte importante de las familias argentinas. Durante el primer trimestre de 2026, el 58,7% de los hogares urbanos recurrió a alguna modalidad para financiar sus gastos, según un informe de la Fundación Encuentro elaborado a partir de información de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC.
El dato equivale a prácticamente 6 de cada 10 hogares.
Sin embargo, el porcentaje actual no constituye un récord. El máximo de la serie analizada se produjo durante el cuarto trimestre de 2019, cuando el financiamiento alcanzó al 61,6% de los hogares.
Los hogares con chicos son los que más recurren al financiamiento
La situación cambia según la composición familiar.
Entre los hogares con menores de edad, el 62,8% utiliza algún mecanismo de financiamiento, mientras que entre aquellos sin niños o adolescentes el porcentaje baja al 52,7%.
También aparecen diferencias según la situación laboral. En los hogares donde existe al menos un trabajador asalariado, el financiamiento alcanza al 71,1%, mientras que entre los sectores informales se ubica en el 55,8%.
Cuotas, fiado y préstamos
El financiamiento no significa necesariamente haber solicitado un crédito bancario.
Las alternativas incluyen compras en cuotas, fiado, préstamos de familiares o amigos, bancos, financieras y combinaciones de diferentes mecanismos.
Según el relevamiento, el 33,7% de los hogares utiliza exclusivamente cuotas o compras al fiado, mientras que otro 17,5% combina distintas formas de financiamiento.
En tanto, un 4,9% recurre exclusivamente a familiares o amigos y apenas un 2,7% utiliza solamente bancos o financieras.
El problema empieza a ser cómo pagar
Uno de los puntos centrales del informe es que la proporción de hogares que utiliza financiamiento no aumentó significativamente respecto de otros períodos.
Lo que genera preocupación es el deterioro de la capacidad para afrontar los compromisos asumidos.
La morosidad alcanzó en julio el 12,9%, en un escenario donde muchas familias recurren habitualmente a cuotas, préstamos o compras financiadas para administrar sus ingresos y gastos mensuales.
Por eso es importante diferenciar financiamiento de endeudamiento: la EPH permite conocer qué mecanismos utilizan los hogares para afrontar sus gastos, pero no determina cuánto deben, cuál es el monto de las cuotas ni si esas obligaciones terminaron impagas.
El panorama muestra así una economía familiar cada vez más dependiente de distintas herramientas financieras. El dato preocupante no es solamente cuántos hogares se financian, sino cuántos comienzan a tener dificultades para cumplir con esos compromisos.
