La estimulación magnética transcraneal actúa sobre circuitos cerebrales vinculados al deseo compulsivo de fumar. Estudios recientes muestran resultados alentadores para disminuir el consumo y aumentar la abstinencia, aunque los especialistas advierten que todavía existen límites y que no reemplaza el abordaje integral del tabaquismo.
Dejar de fumar no depende únicamente de la voluntad. La dependencia de la nicotina produce modificaciones en los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, el control de los impulsos y el denominado craving: ese deseo intenso que puede aparecer incluso mucho tiempo después del último cigarrillo.
Sobre esos mecanismos intenta actuar una alternativa que viene ganando terreno en investigación y práctica clínica: la estimulación magnética transcraneal repetitiva (rTMS).
Se trata de una técnica no invasiva. Un dispositivo colocado sobre la cabeza genera pulsos magnéticos capaces de estimular determinadas regiones del cerebro, sin cirugía ni implantes.
Su aplicación para el tabaquismo dejó de ser solamente experimental: la FDA de Estados Unidos autorizó la comercialización de un dispositivo de TMS como ayuda para dejar de fumar a corto plazo en adultos.
¿Qué busca modificar en el cerebro?
Uno de los objetivos es intervenir sobre las redes cerebrales que participan del deseo de fumar y del control de la conducta.
Los protocolos estudiados han estimulado principalmente regiones de la corteza prefrontal, y algunos sistemas de estimulación profunda alcanzan circuitos relacionados también con la ínsula, una región involucrada en los procesos de adicción.
La intención no es producir rechazo físico al cigarrillo, sino reducir el deseo compulsivo y favorecer un mayor control frente al impulso de fumar.
Un gran ensayo multicéntrico que contribuyó a la autorización estadounidense estudió a 234 fumadores. Entre quienes completaron el tratamiento, la abstinencia continua alcanzó el 28% con estimulación activa frente al 11,7% con estimulación simulada. También se observó una mayor reducción del consumo y del deseo de fumar.
¿Qué dice la evidencia más reciente?
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 reunió 15 ensayos clínicos aleatorizados y 967 fumadores.
En conjunto, la rTMS estuvo asociada con una reducción promedio de aproximadamente 6,7 cigarrillos diarios frente a los grupos de control y con mayores probabilidades de cesación. Los autores calcularon una odds ratio de 2,77 para dejar de fumar.
Pero existe una advertencia importante: la certeza de la evidencia no es igual para todos los resultados. En ese análisis fue considerada moderada para la tasa de cesación y muy baja para la reducción del número de cigarrillos y de la dependencia.
Otra revisión que evaluó la abstinencia sostenida encontró resultados favorables entre los tres y seis meses, pero calificó como baja la confianza global en la evidencia disponible, debido entre otras cuestiones al número reducido de estudios y al riesgo de sesgo.
Es decir, hay una señal positiva, pero todavía no puede afirmarse que la estimulación magnética garantice abandonar definitivamente el cigarrillo.
¿Una combinación puede funcionar mejor?
Este probablemente sea uno de los caminos más interesantes.
Una revisión publicada en 2026 estudió la combinación de estimulación cerebral no invasiva con tratamientos farmacológicos tradicionales. Encontró indicios de una mayor abstinencia a corto plazo y reducción del craving, pero solamente pudo incluir dos ensayos y 79 fumadores.
La cantidad de pacientes es demasiado pequeña para sacar conclusiones definitivas.
La tendencia de la investigación apunta, por lo tanto, a considerar la TMS como una herramienta complementaria dentro de un tratamiento y no necesariamente como sustituto de las alternativas ya conocidas.
¿Cómo es un tratamiento?
No consiste en una única sesión.
Los protocolos varían según el equipo y el tipo de estimulación. En el ensayo multicéntrico que dio origen a la autorización estadounidense se utilizaron sesiones repetidas durante varias semanas. La revisión de 2025 encontró además mejores resultados en determinados parámetros y cuando se realizaron 20 sesiones o más.
Un aspecto particularmente interesante es que algunos protocolos combinan la estimulación con la exposición previa a situaciones que despiertan ganas de fumar.
El protocolo autorizado por la FDA incluye una breve provocación del deseo: el paciente recuerda situaciones que le generan ganas de fumar y se utilizan estímulos relacionados con el cigarrillo antes de la aplicación magnética. La hipótesis es activar el circuito cerebral problemático antes de intervenir sobre él.
¿Duele? ¿Tiene riesgos?
En términos generales, los estudios describen la rTMS como un procedimiento bien tolerado.
El metaanálisis de 2025 encontró principalmente efectos adversos leves y señaló un aumento significativo de dolor de cabeza entre quienes recibieron estimulación activa.
Eso no significa que sea apropiada para cualquier persona. Debe realizarse con evaluación profesional y equipos médicos adecuados, especialmente porque existen situaciones clínicas y determinados implantes o dispositivos metálicos/electrónicos que requieren una valoración específica antes del procedimiento.
Sus límites: dónde no conviene generar falsas expectativas
La estimulación magnética transcraneal tiene un atractivo evidente: actuar directamente sobre circuitos cerebrales relacionados con una adicción sin recurrir a una intervención invasiva.
Pero los resultados deben interpretarse con prudencia.
No garantiza dejar de fumar, no elimina por sí sola los hábitos asociados al cigarrillo y todavía faltan estudios amplios que permitan conocer mejor cuánto dura el beneficio y qué pacientes tienen mayores probabilidades de responder.
Además, los ensayos utilizan distintos equipos, intensidades, zonas cerebrales, cantidad de sesiones y tratamientos complementarios. Esa heterogeneidad dificulta establecer un único protocolo como respuesta universal.
Una herramienta prometedora dentro de un problema complejo
El tabaquismo combina dependencia física de la nicotina, mecanismos cerebrales de recompensa y componentes psicológicos, sociales y conductuales.
Por eso, los tratamientos con mayor sentido siguen siendo aquellos que consideran el problema de manera integral: acompañamiento profesional, estrategias conductuales y, cuando corresponde, medicamentos o sustitutos de nicotina. La FDA continúa incluyendo estas alternativas entre las herramientas disponibles para abandonar el cigarrillo.
La estimulación magnética transcraneal abre una puerta diferente: intervenir sobre el cerebro para disminuir la fuerza del deseo mientras la persona trabaja sobre el resto de la dependencia.
Los resultados científicos justifican el interés. También justifican la cautela.
La TMS no es todavía la “cura” del tabaquismo, pero puede convertirse en una herramienta adicional para personas que intentaron dejar de fumar y necesitan nuevas estrategias para conseguirlo.
