Un informe difundido por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP) advierte que estos corredores de humedad, cada vez más intensos por el cambio climático, están provocando olas de calor inéditas en la Antártida y podrían acelerar el aumento del nivel del mar.
Los científicos encendieron una nueva señal de alerta sobre el futuro de la Antártida. Los llamados ríos atmosféricos, enormes corredores de vapor de agua que transportan calor y humedad desde las regiones tropicales hacia los polos, se han convertido en uno de los principales factores que aceleran el deshielo del continente blanco. Así lo revela un informe presentado por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP), basado en investigaciones realizadas por especialistas brasileños.
Según el investigador Heitor Evangelista da Silva, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), cerca del 90% de la humedad que llega a las regiones polares es transportada por estos ríos atmosféricos. Los registros obtenidos por la estación científica brasileña Criosfera 1, instalada en el interior de la Antártida, muestran que estos fenómenos explican actualmente cerca del 80% de las olas de calor registradas en el continente, cuando al comienzo del monitoreo apenas representaban el 25%.
Uno de los episodios más impactantes ocurrió en 2022, cuando la estación Concordia registró temperaturas 43 °C por encima de lo normal para esa época del año, un evento considerado sin precedentes en la historia meteorológica antártica. Los especialistas advierten que, si estos fenómenos continúan aumentando, podrían producir deshielo superficial incluso en zonas muy alejadas de la costa durante el verano austral.
La mayor preocupación se concentra en la Antártida Occidental, donde se encuentran glaciares estratégicos como Thwaites y Pine Island. El posible colapso del glaciar Thwaites, conocido como el "glaciar del Juicio Final", podría elevar por sí solo el nivel medio de los océanos en 63 centímetros, mientras que un colapso conjunto con Pine Island acercaría esa cifra a un metro.
El estudio también señala que desde 2015 la extensión del hielo marino antártico registra una reducción sin precedentes y que los modelos climáticos actuales todavía subestiman la magnitud de estos eventos extremos. Por ello, los investigadores consideran fundamental ampliar el monitoreo satelital y mejorar las herramientas de predicción para comprender la velocidad con la que está cambiando el continente blanco.
Lo que sucede en la Antártida no queda aislado en el extremo sur del planeta. El aumento del nivel del mar, las alteraciones en las corrientes oceánicas y los cambios en el clima global terminan impactando sobre la producción, las ciudades costeras y la disponibilidad de agua en todo el mundo. La investigación científica demuestra que el cambio climático ya no es un escenario futuro, sino una realidad que exige mayor inversión en conocimiento, prevención y cooperación internacional.
