Tres de cada cuatro estudiantes argentinos de 15 años no alcanzan el nivel básico en Matemática y seis de cada diez tampoco lo logran en Lectura. Los nuevos resultados muestran un retroceso educativo y vuelven a poner en discusión qué está ocurriendo dentro de las aulas.
Los resultados de PISA 2025, difundidos este martes por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), presentan un escenario preocupante para la educación argentina.
La evaluación alcanzó en el país a 11.093 estudiantes de 15 años pertenecientes a 412 escuelas y mostró un retroceso respecto de la edición anterior en las tres áreas principales evaluadas: Matemática, Lectura y Ciencias.
Argentina obtuvo 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias.
Pero detrás de los puntajes aparece un indicador todavía más significativo: cuántos adolescentes poseen los conocimientos mínimos necesarios para desenvolverse frente a problemas y textos de complejidad básica.
Matemática, el resultado más preocupante
Solamente el 24% de los estudiantes argentinos alcanzó al menos el Nivel 2 en Matemática.
Dicho de otra manera, aproximadamente tres de cada cuatro quedaron por debajo del nivel básico establecido por PISA. En el promedio de los países de la OCDE, el 65% alcanza o supera ese nivel.
En Lectura, el 40% de los argentinos llegó al nivel básico o lo superó, mientras que en Ciencias lo consiguió el 41%.
Esto significa que alrededor de seis de cada diez adolescentes argentinos presentan desempeños inferiores al nivel básico en Lectura y Ciencias.
¿Qué significa no alcanzar el nivel básico?
PISA no evalúa principalmente cuánto recuerda un alumno de los contenidos escolares.
Busca determinar si un joven puede utilizar los conocimientos adquiridos para comprender información, interpretar un texto, resolver problemas y enfrentarse a situaciones de la vida cotidiana.
Por eso los resultados trascienden la escuela: hablan de las herramientas con las que una generación llegará posteriormente a estudios superiores y al mundo laboral.
También hay problemas dentro del aula
PISA 2025 aporta además información sobre las condiciones en las que estudian los adolescentes argentinos.
El 58% manifestó que el ruido y el desorden se producen en la mayoría o en todas las clases de Ciencias. Un 47% indicó que los estudiantes no escuchan lo que dice el docente y un 29% señaló que no puede trabajar bien durante las clases.
La tecnología también aparece en el relevamiento.
El 55% de los estudiantes argentinos afirmó que sus compañeros se distraen utilizando dispositivos digitales durante las clases de Ciencias, frente al 28% registrado como promedio entre los países de la OCDE.
¿Los celulares explican los malos resultados?
No.
Los datos permiten identificar una relación entre determinadas formas de utilización de dispositivos digitales, distracción y rendimiento, pero no permiten afirmar que los teléfonos celulares sean los responsables del deterioro educativo argentino.
La OCDE encontró, por ejemplo, que internacionalmente dedicar más de una hora diaria al entretenimiento digital dentro de la escuela está asociado con menores resultados en Ciencias. Pero también advierte sobre las dificultades para establecer relaciones directas de causa y efecto.
Un problema argentino dentro de una crisis internacional
Argentina no es el único país con dificultades.
PISA 2025 evaluó a más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías, representativos de unos 33 millones de jóvenes.
La OCDE advierte sobre un deterioro internacional del aprendizaje y señala especialmente la caída registrada durante la última década en Matemática y Lectura.
Esto no disminuye la gravedad de la situación argentina, pero permite colocarla dentro de una transformación educativa mucho más amplia.
Una discusión que va más allá de un ranking
Los resultados vuelven a abrir una pregunta que probablemente sea más importante que conocer qué puesto ocupa Argentina:
¿por qué tantos adolescentes llegan a los 15 años sin poder resolver problemas matemáticos o comprender textos en el nivel esperado?
Las respuestas involucran calidad educativa, condiciones socioeconómicas, continuidad escolar, formación docente, hábitos de lectura, convivencia dentro de las aulas y también una transformación tecnológica que está modificando la vida cotidiana de niños y adolescentes.
PISA vuelve a poner los números sobre la mesa. El desafío ahora es comprender qué está ocurriendo detrás de ellos.
