Rosario Central sumó una nueva copa y, con ella, otra página a una historia que muchas familias canallas cuentan de generación en generación.
Mi abuelo fue canalla. Los títulos que conoció pertenecían a la época amateur: aquellos primeros festejos que hoy parecen lejanos en el tiempo, pero que siguen siendo parte de la historia del club. Mi padre llegó a ver las grandes conquistas nacionales de 1971, 1973, 1980 y 1986/87. También vio la Copa Conmebol de 1995.
Mis hijos nacieron despues de 1992. Para ellos, aquella copa internacional llegó demasiado pronto para guardarla en la memoria. Sus vueltas olímpicas fueron otras: la Copa Argentina de 2018, la Copa de la Liga de 2023 y los títulos que llegaron después. Yo tuve la suerte de vivirlas todas, de escuchar primero las historias de los mayores y luego compartir nuevos festejos con mis hijos.
El sábado 26 de septiembre de 2026 se agregó otro recuerdo. Central empezó perdiendo ante Estudiantes de La Plata apenas comenzada la final de la Supercopa Internacional. Ángel Di María lo empató de tiro libre, convirtió el penal que dio vuelta el partido y Julián Fernández selló el 3-1. En Santiago del Estero, el Canalla volvió a levantar una copa.
Cada generación tendrá una manera distinta de recordar esa tarde. Algunos dirán dónde estaban cuando Di María se paró frente a la pelota. Otros recordarán con quién abrazaron el tercer gol. Con los años, la jugada irá encontrando su lugar en las conversaciones familiares, junto a las finales que cada uno alcanzó a ver.
Central nació en la Nochebuena de 1889, cuando un grupo de trabajadores ferroviarios decidió fundar un club de fútbol en Rosario. Desde entonces cambió el juego, cambiaron las camisetas y cambiaron las personas que se sientan a escuchar los relatos. Pero todavía podemos reconocer algo de aquellos primeros hinchas en la forma en que una familia transmite sus recuerdos.
Mi abuelo me dejó una historia que venía de la era amateur. Mi padre pudo contarme hasta la gloria de 1995. Mis hijos tienen sus propias copas para contar. Y yo, que vi pasar tantas etapas, entiendo que una estrella también guarda eso: la voz de quienes celebraron antes que nosotros y la alegría de poder celebrar con los que vienen.
