En esas hojas quedó escrita una de las denuncias morales más fuertes de la Argentina contemporánea. El grito desesperado de un hombre que no quiso negociar sus principios.
Por: Carolina Méndez
El 29 de julio de 2000, horas antes de quitarse la vida, el doctor René Favaloro dejó una serie de cartas dirigidas a amigos, colegas, periodistas y autoridades políticas. No eran textos improvisados. Eran el testimonio doloroso de un hombre agotado, atravesado por la impotencia y la decepción.
En esas hojas quedó escrita una de las denuncias morales más fuertes de la Argentina contemporánea.
“Me ha derrotado esta sociedad corrupta”
En una de sus cartas más recordadas, titulada “A mis amigos, a la sociedad”, Favaloro escribió:
"En este momento de mi vida, me encuentro profundamente abatido. La Fundación Favaloro, que ha sido mi sueño y mi vida durante estos últimos años, atraviesa una crisis gravísima. Las deudas acumuladas ascienden a 18 millones de dólares, y las obras sociales, en particular el PAMI, nos adeudan 1.9 millones de pesos desde 1994. He golpeado todas las puertas, he enviado cartas, he hablado con autoridades, pero no he encontrado respuestas. Nadie parece interesado en ayudarnos.
"He sido un luchador incansable por la medicina y por mis principios. Durante toda mi vida he intentado ser coherente, trabajando para el bien común, para los más necesitados. En Jacinto Arauz, como médico rural, aprendí a conocer el sufrimiento de la gente humilde. En la Cleveland Clinic, desarrollé la técnica del bypass que ha salvado millones de vidas. Al regresar a mi país, mi único objetivo fue crear un centro de excelencia que combinara asistencia, docencia e investigación. Pero hoy, me siento derrotado.
"En esta sociedad corrupta, ser honesto tiene un precio muy alto. Me han pedido “retornos” para que las obras sociales paguen lo que nos deben. Me han propuesto entrar en el juego sucio de los “vivos” que manejan el sistema. No puedo aceptarlo. No puedo cambiar, no quiero cambiar. Prefiero desaparecer antes que traicionar mis principios.
"A mis amigos, quiero decirles que los he querido mucho. A mi familia, gracias por todo el amor y el apoyo. A la sociedad, les pido que reflexionen. No puede ser que los que trabajan con honestidad sean castigados, mientras los corruptos prosperan. Si con mi muerte no logro que se hagas las cosas de otra manera, al menos que quede claro que no participo de este juego siniestro.
"No tengo miedo. Estoy cansado, muy cansado. Pero también estoy en paz con mi conciencia. Espero que mi partida sirva para que alguien, alguna vez, escuche este grito de desesperación. Quiero que mis cenizas sean esparcidas en los montes de Jacinto Arauz, donde fui feliz sirviendo a los demás.
"Con todo mi cariño, René Favaloro".
La carta al presidente Fernando de la Rúa
Entre los escritos hallados tras su muerte también apareció una carta dirigida al entonces presidente Fernando de la Rúa.
"Estimado Señor Presidente:
"Me dirijo a usted con el respeto que su investidura merece, pero también con la urgencia que la situación impone. La Fundación Favaloro, que he construido con esfuerzo y dedicación durante años, atraviesa una crisis económica insostenible. Las deudas acumuladas alcanzan los 18 millones de dólares, y las obras sociales, en particular el PAMI, nos adeudan 1.9 millones de pesos desde 1994. Estos fondos, que podrían resolverse en 48 horas, no llegan porque se nos exige participar en prácticas corruptas, como los “retornos” que enriquecen a los intermediarios a costa de los trabajadores.
"He golpeado todas las puertas posibles. He enviado cartas, he solicitado reuniones, he explicado hasta el cansancio la labor de nuestra institución, que combina asistencia médica de excelencia, docencia e investigación, siempre al servicio de los más necesitados. Sin embargo, no he encontrado respuestas. La indiferencia de las autoridades y el sistema de salud me han llevado a un punto de agotamiento absoluto.
"No puedo aceptar las reglas de este juego siniestro. Durante toda mi vida he defendido la ética y la honestidad, desde mis días como médico rural en Jacinto Arauz hasta mi trabajo en la Cleveland Clinic, donde desarrollé la técnica del bypass coronario. Regresé a mi país con el sueño de crear un modelo de salud que beneficiara a todos, pero hoy veo ese sueño desmoronarse. Ser honesto en esta sociedad corrupta tiene un precio que estoy pagando.
"Señor Presidente, le pido que considere la situación de la Fundación Favaloro. No hablo solo por mí, sino por los cientos de empleados, médicos y pacientes que dependen de ella. No puedo seguir luchando solo. Si esta carta no logra mover las conciencias, al menos quedará como testimonio de mi esfuerzo por mantener la integridad en un sistema que premia la deshonestidad.
"Con el mayor respeto, René G. Favaloro"
Un disparo que todavía duele
La muerte de Favaloro no fue solamente una tragedia personal.
Fue un disparo directo al corazón de la Argentina.
Porque detrás de sus cartas aparecía una pregunta incómoda que todavía sigue vigente: qué hace una sociedad con las personas honestas.
Pasaron 25 años.
La corrupción sigue siendo noticia.
Los discursos siguen prometiendo cambios.
Y millones de argentinos todavía repiten las frases de Favaloro con una mezcla de tristeza y resignación.
Quizás lo más doloroso no fue solamente perder a uno de los médicos más brillantes de la historia.
Quizás lo más doloroso sea entender que, después de todo, nunca terminamos de escuchar su grito.
