Argentina juega hoy y el país entra en "modo infarto": las cábalas, el fernet y la ansiedad toman el control

Argentina juega hoy y el país entra en "modo infarto": las cábalas, el fernet y la ansiedad toman el control

Hay fenómenos que la ciencia todavía no logra explicar. Uno de ellos ocurre cada vez que juega la Selección Argentina. El país entero entra en un estado de ansiedad colectiva donde cualquier cosa puede convertirse en una cábala.

El que vio todos los partidos sentado en la misma punta del sillón no piensa moverse ni un centímetro. El que usó la camiseta sin lavar durante tres victorias consecutivas está convencido de que un poco más de aroma también trae suerte.

Las parrillas trabajan a toda máquina, el hielo desaparece de los supermercados, el fernet y la cerveza pasan a ser productos de primera necesidad y los grupos de WhatsApp explotan con mensajes que van desde el optimismo absoluto hasta el clásico: "Hoy no llego vivo".

Las promesas también aparecen de todos los colores. Algunos prometen caminar hasta el Monumento a la Bandera si Argentina sale campeón. Otros juran dejar el azúcar, empezar el gimnasio o no volver a insultar al árbitro... al menos hasta el próximo partido.

Las redes sociales tampoco ayudan. Cada publicación genera miles de teorías, análisis tácticos y alineaciones alternativas. En pocas horas, el país reúne más directores técnicos que habitantes.

Los médicos aseguran que no existe el "preinfarto futbolero", pero los hinchas insisten en que durante los 90 minutos sienten todos los síntomas posibles: presión alta, manos transpiradas, respiración entrecortada y la costumbre de caminar por el living como si eso ayudara al equipo.

Cuando el partido comienza, desaparecen los timbres, las llamadas y cualquier intento de conversación. Nadie cambia de canal. Nadie se mueve. Nadie se anima siquiera a ir al baño si Argentina está atacando.

Y si llega el gol, el barrio entero lo sabe. Se escuchan gritos, bocinazos, abrazos con desconocidos y hasta algún vecino que aparece en el balcón envuelto en una bandera celeste y blanca.

Porque en Argentina el fútbol nunca es solamente un deporte. Es una ceremonia, una tradición y una montaña rusa de emociones que se vive con el corazón acelerado, las pulsaciones al límite y la esperanza intacta.

Al final, gane o pierda la Selección, siempre queda la misma conclusión: el verdadero deporte extremo de los argentinos es esperar que empiece el partido.