El mayor cánido de Sudamérica enfrenta atropellamientos, captura ilegal y la transformación de los ambientes donde vive. Su conservación también protege a los pastizales y humedales.
El aguará guazú forma parte de la fauna santafesina y cumple una función importante en los ecosistemas sudamericanos. Sin embargo, el avance agrícola y urbano reduce y fragmenta su hábitat, mientras las rutas representan otro riesgo para su supervivencia.
En Argentina está categorizado como vulnerable. A escala mundial, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo clasifica como casi amenazado.
Los datos de la Dirección de Manejo Sustentable de Fauna Silvestre de Santa Fe reflejan la gravedad de los atropellamientos: en siete años murieron 211 ejemplares en siniestros viales. Apenas el 0,9% de los animales atropellados logra ser rehabilitado y liberado.
A estas amenazas se suman la captura ilegal de cachorros para tenerlos como mascotas y la persecución alimentada por mitos sobre su comportamiento. Su dieta incluye principalmente frutos, insectos, pequeños roedores y anfibios.
Como dispersor de semillas, contribuye a la regeneración de los ambientes que habita. Proteger al aguará guazú implica preservar también los pastizales y humedales de la región.
