La afirmación de que la Generación Z es “menos inteligente” que las anteriores es llamativa, pero simplifica en exceso un fenómeno mucho más complejo. Algunos estudios recientes detectaron caídas en ciertos indicadores cognitivos, pero eso no equivale necesariamente a una disminución general de la inteligencia.
Para entender el debate, primero hay que considerar el llamado Efecto Flynn. Durante gran parte del siglo XX, las puntuaciones promedio de coeficiente intelectual (CI) aumentaron de forma sostenida en muchos países. Sin embargo, desde principios del siglo XXI, en varias naciones desarrolladas se observa un estancamiento o incluso un leve retroceso en algunos resultados, lo que encendió las alarmas.
¿Qué dicen los datos?
Evaluaciones internacionales como PISA, coordinadas por la OCDE, mostraron en los últimos años caídas en habilidades como comprensión lectora y matemática en adolescentes. Estas tendencias se acentuaron tras la pandemia de COVID-19, aunque ya se observaban antes.
También hay investigaciones en países europeos que detectaron descensos en pruebas de razonamiento abstracto y vocabulario en jóvenes nacidos después de mediados de los 90, es decir, dentro de la llamada Generación Z.
Factores que pueden influir
Lejos de señalar una causa única, los especialistas apuntan a una combinación de factores:
- Cambios en los hábitos de lectura: el consumo de textos largos disminuyó frente a contenidos breves y fragmentados en redes sociales.
- Uso intensivo de tecnología digital: el multitasking constante puede afectar la atención sostenida y la memoria de trabajo.
- Transformaciones educativas: sistemas más inclusivos pero también más heterogéneos pueden influir en los promedios.
- Impacto de la pandemia: interrupciones en la escolaridad que afectaron el aprendizaje en etapas clave.
- Factores socioeconómicos: desigualdades crecientes que condicionan el acceso a oportunidades educativas.
¿Menos inteligencia o habilidades diferentes?
Muchos expertos advierten que medir la inteligencia únicamente con pruebas tradicionales puede ser insuficiente. La Generación Z suele mostrar fortalezas en otras áreas, como:
- alfabetización digital avanzada
- capacidad para procesar información visual rápidamente
- habilidades multitarea (aunque con matices)
- mayor adaptación a entornos tecnológicos cambiantes
Esto abre el debate sobre qué entendemos por inteligencia en el siglo XXI y si las herramientas actuales logran captarla de manera completa.
Una discusión abierta
La idea de que una generación es “menos inteligente” que otra no tiene consenso científico. Más bien, lo que se observa es un cambio en perfiles cognitivos y en las condiciones sociales y culturales que moldean el aprendizaje.
En lugar de una caída generalizada de la inteligencia, muchos investigadores hablan de una transición: nuevas formas de pensar, aprender y resolver problemas que todavía no siempre encajan en los sistemas de medición tradicionales.
En definitiva, la Generación Z no es necesariamente menos inteligente, pero sí está creciendo en un entorno radicalmente distinto, que redefine qué habilidades se desarrollan y cómo se evalúan.
