Estudiante de la Escuela Municipal de Jardinería, combina el trabajo con la tierra, la filosofía y el compromiso ambiental, en una historia que refleja inclusión, vocación y futuro en Rosario.
En tiempos donde el cuidado del ambiente gana protagonismo y la formación en oficios vuelve a ser clave, la historia de Lucas Martino resume una identidad profundamente rosarina: la del trabajo colectivo, el compromiso social y la conexión con la naturaleza.
Con 26 años, Lucas transita el tercer y último año en la Escuela Municipal de Jardinería, una institución histórica de la ciudad que desde hace más de un siglo forma profesionales del cuidado de los espacios verdes. Pero su recorrido no termina ahí: también comenzó la carrera de Filosofía en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR, integrando dos mundos que, lejos de oponerse, se complementan.
“La jardinería es una mezcla de arte y ciencia, y estudiar filosofía me da una visión holística de esto”, explica.
Para él, el contacto con la tierra no es solo un oficio, sino una forma de entender el mundo. Una mirada que tiene raíces profundas en su historia familiar.
“Lo que me hizo picar el bicho por la jardinería fue mi abuelo. Yo era el encargado de cuidar el jardín. Era un niño curioso, soñador, idealista… y creo que los jóvenes seguimos teniendo eso”, recuerda.
Esa memoria se transformó en vocación. Y también en una convicción: la jardinería como herramienta de inclusión y construcción colectiva.
La Escuela Municipal de Jardinería, fundada en 1901, no solo es una de las instituciones más antiguas de Rosario, sino también un modelo de integración. Desde 1994, incorpora a personas con discapacidad a su propuesta formativa, garantizando acceso a la educación y oportunidades laborales concretas.
“El cupo no es un favor del Estado, es un derecho”, remarca Lucas.
Durante tres años, los estudiantes se forman en tareas vinculadas al mantenimiento del arbolado urbano, el diseño paisajístico y la producción en viveros, con inserción tanto en el ámbito público como privado.
Lucas no separa su trabajo del contexto global. Su mirada incluye el cambio climático, la ética del cuidado y una fuerte influencia del pensamiento social y ambiental.
“Me interesa todo lo que tiene que ver con la mitigación del cambio climático, el mensaje de cuidar al otro, la ciudadanía activa”, señala.
En su día a día, trabaja junto a otros compañeros en la Dirección de Parques y Paseos, donde destaca un valor fundamental: el trabajo en equipo.
“El compañerismo lo define todo. Somos una familia. El empleo público tiene una finalidad clara: ser servidor público”.
Más allá de la técnica, Lucas define la jardinería como una experiencia humana profunda.
“Significa volver a conectarnos con lo que somos. Regar el suelo con esperanza”.
Su mensaje a los jóvenes es claro: proyectar futuro, cuidar lo común y no perder el vínculo con la naturaleza.
“Queremos que crezcan con sueños, abajo de un árbol, estudiando, compartiendo con su familia”.
En el cierre, deja una reflexión que funciona como advertencia y compromiso colectivo:
“El cambio climático no discrimina. Nos va a afectar a todos. No se trata de generar miedo, pero sí de involucrarnos: desde separar residuos hasta elegir una movilidad más sustentable”.
La historia de Lucas Martino no es solo personal: representa una forma de construir ciudad. Desde la formación pública, la inclusión y el trabajo cotidiano en los espacios verdes, Rosario reafirma una identidad donde lo ambiental, lo social y lo humano van de la mano.
En un contexto desafiante, su mensaje deja una certeza: el futuro también se cultiva.
