Descubrir las historias secretas de Rosario

Descubrir las historias secretas de Rosario

 Viajar sin salir de Rosario, recorrer la ciudad sin dejar la casa. En este tiempo de Cuarentena, a las múltiples propuestas que ofrece la Municipalidad, se le suma la posibilidad de explorar rincones de la Cuna de la Bandera, que albergan historias increíbles. Lugares que hemos transitado, pero que no nos hemos detenido para conocer sus secretos, en esta nota.

 Túneles atrapantes, extrañas construcciones, pasajes fantásticos, casonas peculiares y lagunas con historias. Estos espacios curiosos son ideales para explorar e investigar sobre esos relatos que son parte del folklore urbano. Si bien durante el día, y antes de la cuarentena, no notamos sus particularidades, podremos descubrir que son algo más que simple espacios.

Abrazando la bandera

 Son pocos los que sospecharían que el propio Monumento a la Bandera podría esconder secretos. Al ser la atracción principal de Rosario, todos los ciudadanos creen haber visto cada uno de sus detalles. Y es que los tiene muy bien guardados, hasta se podría decir que hasta bajo tierra.

Los dos tuneles, que en su momento se podrían haber usado para contrabando, para escondites y como atajos; atraviesan las escalinatas y van desde la Cripta de Belgrano, hasta la Sala de las Banderas; uno en paralelo con la calle Córdoba, y el otro a Santa Fe.

 Estrechos, inclinados, oscuros y vertiginosos. No dan miedo, pero nos ayudan a crear un ambiente de clandestinidad y de trampas. Paradójicamente, su función no es asustar, sino que sirven para acceder a la cisterna que provee agua a las fuentes, ubicadas en la proa del gran barco del Monumento. ¿Te animarías a explorarlos por debajo?

La boca escondida

 En la bajada del Parque Urquiza se encuentra lo que es un mural para algunos, y una leyenda urbana para otros. Y es que además de una obra de casi 9 metros de alto y 8 de ancho, se esconde un gran atajo. En los tiempos de la Rosario portuaria, la Estación del Ferrocarril Oeste (ubicada en Chacabuco y 3 de febrero) necesitaba una conexión con los muelles del puerto, y se creó un pasadizo subterráneo para tal función. 

 Con el paso del tiempo, fueron cambiando las funciones y el túnel dejaría de ser útil, por lo que en el año 1941 se organizó un concurso para embellecer esa área. Así, Lucio Fontana y Osvaldo Palacios crearon un diseño de relieve escultórico que apodaron como “El Sembrador”.

Un pasaje de harina

Recorriendo la peatonal Córdoba, entre apuros de un día laboral, suele dejarse de lado. Los que han visitado los locales de diseño, luthería o atienden en sus múltiples oficinas, pueden jurar que escucharon susurros y pisadas en el pasaje Pan.

Este mágico espacio tiene su origen en 1899, y es la galería más antigua de la ciudad. Además de sus característicos paraguas que adornan el tránsito de los rosarinos, se encuentra un relato que se ha convertido en un mito local. Y es que el español Andrés Pan vivió sus últimos años en los altos del pasaje, y tuvo una muerte repentina, misteriosa y que no dejó herederos.

Los rumores dicen que algo tuvo que ver la firma London & River, quienes compraron la propiedad días previos a su descenso. A partir de ahí, que son muchos los que juran que el hombre nunca pudo abandonar la calle Córdoba, y que su espíritu sigue rondando el sitio, haciendose presente con un repentino soplo del viento, con pequeñas palabras susurradas que se escuchan al pasar, o el sonido de los instrumentos que se escucha sin razón aparente.

Sobre rieles

El túnel más famoso de la ciudad atraviesa la barranca a la altura del Parque España, corriendo paralelo al río. Hoy sólo conserva 400 de sus 800 metros originales. Fue a fines del siglo XIX, cuando sufrió derrumbes que asustaron a todos los vecinos y dieron lugar a relatos increíbles.

Llevando el nombre del presidente Arturo Illia, el túnel hasta 1970 tenía la función de ser usado por los trenes de carga y llegada a la antigua Estación Rosario Central. Su principal curiosidad está a simple vista, y se trata de estas pequeñas cuevas llamadas guarda-hombres, que se esconden en su interior. Según algunas voces, estos servían para proteger a los peatones mientras pasaba el tren. También fueron utilizadas como refugios por vagabundos, aunque hay rumores de que funcionaban como pasadisos.

La flor de Alberdi

Cuentan los vecinos que durante los años que esta majestuosa casona estuvo abandonado se escuchaban ruidos y se veían luces encendidas, incluso cuando no había suministros eléctricos desde hace tiempo. Fue mandada a construir por el marido de María Hortensia de Echesortu, como regalo a su esposa. Esta construcción se caracterizó por su esplendor y belleza arquitectónica. Con el tiempo, la casa quedo vacia hasta ser adquirida por la Municipalidad.

 Hoy la manción es utilizada como Centro Municipal del Distrito Norte, y cada día transitan cientos de personas, lo que recuerda a cuando la casa albergaba sus elegantes fiestas y reuniones con gran cantidad de habitantes. Lo más llamativo de esta historia son los mitos de que la misma Hortensía nunca logró abandonar la casa, y reclama su propierdad, susurrandole a todos los visitantes del Distrito.

Familia de casas

 Un pasaje que puede recordarnos a otras ciudades, pero está acá. Cada milímetro de este paisaje arquitectónico es exactamente igual en esta calle. Se trata del Pasaje Monroe (ex Argentino), delimitado por las calles 9 de julio, Callao, Zeballos y Ovidio Lagos.

De su original y característica arquitectura, remonta al estilo art deco, pese a que sólo se conserve un tramo. Difententes historias y teorias de porqué se han construido las casas así, habían enriquecido el caminar de los rosarinos por el pasaje.

El origen del original proyecto se remonta a 1924, cuando el Banco Edificador Rosario financió la construcción de este complejo de casas de altos. Los responsables fueron Juan Manuel Newton y Hilarión Hernández Larguía.

La dama del lago

 Recorriendo el Parque Independencia se puede ver con bastante facilidad la escultura de una mujer echada a tomar sol, en una pequeña isla. Si bien hoy puede no sorprender a nadie este tipo de esculturas, su inauguración había causado mucho revuelo en su momento. Los reclamos hacia su creador Osvaldo Laierdorf iban en contra de que la mujer esté desnuda, y en una pose provocativa.

 Los rumores aseguraban que la musa inspiradora de la obra de arte había sido la sobrina del autor, con quién había tenido un escandaloso romance. Lo que agiganta su leyenda es el relato que menciona cuando la joven murió, y su alma pasó a custodiar su estatua, y los visitantes dan fe de gritos de mujer en Pellegrini y Oroño.

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