Si se puede reparar, por qué tirarlo. A partir de una pregunta tan simple cientos de personas se juntan en parques y plazas para reparar objetos o ayudar a arreglarlos. Forman parte del Club de Reparadores y cumplen seis años buscando alternativas al consumismo y el deterioro del medio ambiente por la multiplicación de desechos.
POR DANIEL GIARONE
Compramos objetos, los usamos, se rompen, los tiramos y volvemos a comprar otros, parecidos o iguales. Algunos, cada vez menos, intentamos repararlos por su valor afectivo. Pero pronto desistimos. Somos seducidos por el brillo de lo nuevo, por el esplendor de lo intocado y corremos detrás de la novedad. En cualquier caso, esos artefactos (un celular, una silla, la licuadora que heredamos de la tía abuela), cualquier artefacto, pasa a formar parte de un circuito de uso-desecho-consumo que hoy parece necesario revisar.
Al menos eso creyeron Melina Scioli y Marina Pla, quienes desde la asociación civil Artículo 41 fundaron, en noviembre de 2015, el Club de los Reparadores, un espacio que reune a personas con objetos rotos -desde electrodomésticos hasta muebles y prendas- con otras que saben reparalos.
“El espíritu detrás de un evento de reparación tiene que ver con reunir en un espacio determinado, con herramientas y materiales, a gente que tiene saberes de reparación con gente que tiene objetos rotos, y entre todos poder reparar el objeto, en una actividad que es gratuita y voluntaria”, dice a Télam Melina Scioli, cofundadora del Club y especialista en sustentabilidad con foco en economía circular y urbanismo.
“Seguir sostiendo el consumismo y el crecimiento económico infinito para el planeta ya resulta intolerable”
Melina Scioli, fundadora del Club de los Reparadores
Desde su creación el 28 de noviembre de 2015 el Club recibió premios de la Shuttleworth Foundation y de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales; fue reconocido por la Cámara de Comercio argentino-británica por su trabajo en materia de sustentabilidad y también declarado de interés en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
“El Club -comenta Scioli- es parte de Artículo 41 (por el artículo de la Constitución Nacional que establece el derecho a un ambiente sano), y además de organizar encuentros comunitarios de reparación ayuda a otros grupos a poder hacerlo; también lazamos el sitio reparar.org en el que promovemos la reparación comercial, con un directorio de servicios de reparación, y tenemos un programa para escuelas, ‘Ligas menores’, donde explicamos por qué reparar o qué es la economía circular”.
¿Por qué las cosas no duran más tiempo? ¿Los avances tecnológicos no alcanzan para lograr una mayor durabilidad y disminuir la cantidad de desechos que ponen en crisis la sustentabilidad del planeta? ¿La obsolecencia programada de los artefeactos es ineherende a la lógica del consumo sin fin? ¿Cuántas cosas que tiramos podrían haberse reparado? Estas son algunas de las preguntas que hicieron posible la experiencia del Club.
“La idea nació cuando empezamos a sentir que las cosas duraban cada vez menos y que eran cada vez más dificil repararlas. Veníamos trabajando junto a Marina en temas de sustentabilidad, sobretodo vindulado a la promoción del reciclado, y vimos que la reparación virtuosa era más eficiente que el reciclado, y que tenía que ver con prevenir que se generasen residuos”, comenta Scioli y recuerda que en la Argentina se producen 1,15 kilos de residuos sólidos urbanos por día por habitante.
Entre las experiencias que influyeron en la iniciativa aparecen los Repair Cafés de Amsterdam y de los Restart Parties del Reino Unido. “Vimos que básicamente lo que hacían era promover encuentros comunitarios para reparar cosas en conjunto y nos preguntamos si algo así funcionaría en la Argentina”, cuenta Scioli.
“Hay algo que va más allá de reparar objetos, hay algo simbólico que tiene que ver con darle tiempo al cuidado”
“Con el tiempo -agrega- le fuimos encontrando al Club el resto de las aristas que tiene hoy, que tienen que ver con la reparación en tanto permite preservar oficios, recupear una identidad cultural y promover la actvidad de comercios vinculados a ellas, todas capas que componen la acción de reparar cosas”.
La letra R es la más importante en el alfabeto del Club: reparar, reducir, reciclar y reutilizar. Todas estos estos verbos confluyen en una misma acción. “Si lo pensamos desde la gestión de residuos se pueden incorporar todas esas erres. Van desde la prevención, cómo tratar de no generar residuos, hasta tratarlos de la mejor manera posible. Reparar es volver a darle vida a los materiales que no queremos que lleguen a ser reciclados o desechados”, asegura Scioli.
La Real Academia Española define el verbo reparar como enmendar, corregir o remediar. ¿Pero qué remediamos cuando arreglamos algo? “Proponiendo espacios de encuentro y poniendo este tema en la agenda pública encontramos que cuando hay gente que se involucra, que celebra la reparación, y que ahí hay algo que va más allá de reparar objetos, hay algo simbólico que tiene que ver con darle tiempo al cuidado, con detenernos a cuidar cosas, y esto es algo que va a contramano de los tiempos que corren. Es detenerse a cuidar. Reparar es, en definitiva, cuidar”.
EL DERECHO A LA REPARACIÓN
Aunque todo quiera ser reparado no todo puede arreglarse. Y no solo porque el fabricante estableció una fecha de caducidad sino también porque arreglar algo puede ser imposible sin las cordenadas necesarias. Así, el derecho a reparar es un reclamo cada más frecuente.
La reparación también puede ser frustrante. Pero qué cosas hacen que un objeto no sea reparable. Quizá no tener el repuesto, carecer de la herramienta precisa, no poder acceder a la caja negra de determinados artefactos porque para hacerlo hay que destruirlo. “Estas barreras para la reparación hacen que a veces un objeto al que le falta, por ejemplo, una pieza muy chiquitita, provoca que un aparato muy grande deba ser descartado”, explica Milena Scioli, cofundadora del Club de Reparadores.
Ante esta situación en Europa y los Estados Unidos está creciendo el reclamo por el derecho a reparar, que supone exigir al fabricante equipos con posibilidad de respuestos manuales y que sean diseñados a partir de la posibilidad de ser reparados. En definitiva, simplificar el acceso al arreglo de un producto como a las herramientas para hacerlo. Algunas empresas ya están dando señales de escuchar la demanda.
“Apple adelantó que para los dos últimos modelos de sus equipos se van a poder comprar repuestos y la gente los va a poder reparar por sus propios medios. Esto es un paso adelante, ya que Apple venía teniendo políticas muy privativas respecto a la reparación”, apunta Scioli.
Sin embargo, advierte que “esto es una victoria, pero hay que ver cómo se concreta, además de que se trata solo de sus dos últimos modelos. Vienen poniendo productos en el mercado desde hace muchos años y debería poder hacerse lo mismo con todos ellos”.
