El predio de la ex Rural volvió a brillar, como cada año, al ritmo de las comparsas. Entre plumas y espuma, la ciudad celebró el inicio de una de sus fiestas más significativas.
La humedad rosarina marcó la agenda y la tarde del sábado 14 de febrero se hizo sentir con una energía particular. Mientras el calendario señalaba el día de San Valentín y, puertas afuera, el Parque Independencia invitaba a los arrumacos y las luces tenues, en el Predio Ferial Parque Independencia el amor latía distinto. El carnaval propone otro tipo de romance: un ritual colectivo donde rosarinas y rosarinos se despojan por unas horas de las identidades cotidianas para liberar, entre espuma y purpurina, todo aquello que vibra durante el resto del año.
Desde las 18.30, el ingreso al complejo mostró una organización aceitada. La implementación del sistema de QR por parte de la Municipalidad de Rosario agilizó el acceso, tal como ya había ocurrido en FARO, y permitió que la multitud fluyera sin demoras hacia el corsódromo.
En el marco de esta nueva edición de la fiesta más popular de la ciudad, el subsecretario de Fortalecimiento Institucional y Sociocultural de la Secretaría de Cultura y Educación, Lucas de la Torre, destacó la magnitud del despliegue: “Estamos muy contentos de transitar este nuevo carnaval central en la Rural, una de las fiestas populares más hermosas y tradicionales que tiene Rosario. Este año la apuesta es enorme: siete comparsas compitiendo en una pista de más de cien metros, con casi cien personas en escena por cada una. Es un espectáculo impactante por la música, los trajes y la puesta en escena, pero sobre todo por el clima de alegría que se palpa en el aire y que es distinto al de cualquier otro evento”.
Cada apertura es única
Al cruzar el umbral, el ingreso se transformó en una gran burbuja de jabón —o en miles—. Selene sumergía su mano en un recipiente con agua y una solución especial para crear esferas mágicas que parecían enviar mensajes secretos a cada asistente.
A pocos metros, un espacio para chicas y chicos ofrecía vinchas coloridas y alas para fotografías. Las tarimas funcionaban como telón de fondo para crear recuerdos que, como las viejas fotos del club guardadas por abuelas y abuelos, quedarán atesorados en la memoria familiar.
En paralelo, el patio gastronómico comenzaba a desplegar aromas inconfundibles. La frase “toda la carne al asador” se volvió literal en una noche donde la celebración también pasó por el paladar.
La ceremonia inaugural se realizó cerca de las 19 con el tradicional corte de cintas y la coronación del Rey Momo y el poeta Aragón. Bajo la mirada de los abanderados de las siete comparsas y la Pareja Real 2025, el carnaval quedó oficialmente inaugurado. “¡Tenemos carnaval, gente!”, exclamó la locutora Nerina Cejas, quien junto a Nery Bó condujo la jornada entre calor, música y baile.
Un desfile de identidades y tradiciones
La apertura estuvo a cargo de Herederos, campeones 2025. Desde Molino Blanco, más de 150 integrantes irrumpieron con trajes que simulaban lenguas de fuego, combinando sonidos electrónicos con percusiones tradicionales y entonando su himno: “Herederos, sos mi vida”.
Luego fue el turno de Rekebra, de la zona oeste, con su temática La Caja de Pandora, que mezcló misterio y ritmo en una puesta que invitó al público a moverse casi por instinto. Incluso un grupo de amigas en despedida de soltera se sumó espontáneamente al festejo, integrándose a la celebración.
Arandú emocionó con Ilusión infantil, una oda al arte como refugio para la niñez. El Sueño del Rey Momo presentó La Chispa del Juego, con materiales reciclados y un viaje nostálgico a los primeros años. La espuma borró diferencias generacionales y sociales, uniendo al público en un mismo compás.
Zafiro proyectó una Neo-Rosario de ciencia ficción con Zafiro Galáctico, mientras que Leones del Samba deslumbró con Los Secretos del Sol, una batalla mitológica inspirada en dioses egipcios. El cierre fue para Imperio del Sur, que rindió homenaje al Tricentenario de Rosario con una puesta que evocó a los artistas y la identidad cultural de la ciudad.
El veredicto quedará en manos del jurado técnico integrado por Daniel Robledo, Marlon Oliveira, Lorena Fenoglio, Magalí Quiroga y Juanky DaGema.
Momo no descansa
El Carnaval de Rosario no es solo un evento de tres noches: es un proceso que se construye durante todo el año. A través del Programa Carnaval, el municipio ofrece capacitaciones en puesta en escena, maquillaje y vestuario, fortaleciendo el trabajo comunitario en los barrios.
Cuando se apagan las luces del corsódromo, comienza una nueva etapa: elección de temáticas, diseño de trajes, ensayos y formación. Más que una competencia, el carnaval es un puente social que fomenta la convivencia y el crecimiento cultural.
La fiesta recién comienza
La primera jornada culminó pasada la medianoche, bajo los últimos tambores de Imperio del Sur. La conducción recordó que este despliegue es fruto de un trabajo colectivo que involucra a cientos de familias rosarinas.
Todavía restan dos jornadas para seguir celebrando este carnaval bien rosarino, como lo hacían las generaciones anteriores: con espuma, baldes de agua y baile al compás de la música en vivo. Algunas formas cambiaron, pero la esencia permanece intacta.
La ciudad ya encendió su mística. El carnaval está en marcha.
