¿Por qué corre tanta gente?

¿Por qué corre tanta gente?

En el último tiempo, no sorprende ver a una persona entrenar por la calle, por más que use calzas y colores llamativos, o se mueva de una manera curiosa. Lejos de parecer locos, hoy el running ha despertado una pasión por el deporte que va más allá de una moda.


 Tan simple como agarrar las zapatillas, ropa cómoda y salir a trotar un rato. Así es la rutina para miles de corredores amateurs que necesitan escapar de la rutina aunque sea por un rato. Algunos eligen empezar el día corriendo y ya haber cumplido con el deber; otros prefieren la hora de la siesta, lejos de quedarse con la fiaca; otros tantos se quedan con el salir a correr al final del día, para olvidarse de todo lo que pasó, y llegar a la noche con todas las actividades hechas. Eso es parte de lo lindo de esta actividad, el poder optar por el momento que más te quede cómodo, o incluso encontrarlo cuando no lo hay.

 Lo llamativo es que no queda en una sola vez que se sale a correr y listo. El deporte es adictivo: genera felicidad y ganas de progresar. Lo que empieza siendo una vuelta al parque, se vuelven 2, 3 y cada vez a mejor ritmo. En cada oportunidad las cosas van aumentando, se mantiene más el aire al respirar, se perfecciona la forma de moverse y de cómo hacer los trabajos. Esa misma sensación de bienestar se pone en juego por cada intento de mejora.

 Cada uno encuentra la forma de correr que le sienta más cómodo. En la cinta o en el parque. Por el pasto o por el cemento. Con vueltas o siempre un camino diferente. Algunos más abrigados y otros que prefieren hacerlo más ligero. Con auriculares o sin música. Con amigos con los que ir hablando o solos para concentrarse.

 Es tanta la pasión que despierta el mundo atlético, que los espacios públicos se llenan cada vez más de grupos de entrenamiento. Con la excusa de tener alguien que acompañe o que indique que hacer, se hace cada vez más fuerte el compromiso por entrenar. Ya la culpa empieza a invadir si se falta a un día, o si el tiempo no permite hacer el trabajo esperado.

 Todos los que se han sumergido en este mundo, van a decir que lo importante no es competir. O mejor dicho, al único que lo tenés que competir es a vos mismo. A tu versión del pasado, al que hizo determinado tiempo y que ahora lo querés mejorar. Esto mismo se ve siempre, porque lejos de querer ganarle al que tenés al lado, lo motivas a que siga, a que progrese; y este te ayuda a vos. No hay rivales en este deporte, simplemente compañeros.

 Por todo lo dicho, no nos debería sorprender ver un domingo a cientos personas corriendo desde temprano por cuenta propia. No nos tiene que extrañar poder ver a más de mil correr con la misma remera. O que haya carreras cada 2 semanas, o que cada municipio, pueblo o ciudad tenga la suya. Las carreras son parte del motor de esto, de encontrarse con los que comparten la pasión, e ir un rato en un grupo de fanáticos por lo mismo. El poder quedarse con una medalla no significa salir primero, sino que es una prueba de que se logró; que se pudo pasar el desafío de los 2, 5, 10, 21, 30 o 42 kilómetros (y más también).

 El que se pregunta “¿Por qué corre tanta gente?”, probablemente no lo vivió, o no se animó a probarlo. Ya que si fue parte, es difícil que lo haya soltado. No hace falta ser el más rápido ni el más ligero. Ni siquiera tener horarios fijos o tener un gimnasio cerca. Es ser parte de algo que llena de optimismo y de ganas de ir por más. Tal cual lo dijo Forrest Gump en la famosa película homónima: “No sé, simplemente tenía ganas de correr”.