Fontanarrosa, el genio de la literatura de humor

Fontanarrosa, el genio de la literatura de humor

 Representante de la cultura rosarina y de toda la Argentina, Roberto Fontanarrosa marcó un estilo narrativo único, que se destacó tanto en cuentos, novelas, historietas, como en relatos que fueron llevados al cine y la televisión. Cómo empezar a leerlo y disfrutarlo.

El negro Roberto Fontanarrosa nació en Rosario un 26 de noviembre de 1944, y a partir del 2015, todos los 26/11 se conmemora el Día Nacional del Humorista, en su homenaje. Luego de abandonar la escuela, se refugió en el mundo de la publicidad, donde empezó a escribir y dibujar, logrando crear su propia impronta. Como varios, intentó ser futbolista, pero como se dio cuenta que no era lo suyo, encontró un lugar escribiendo sobre ese deporte.

Mi fracaso en el fútbol obedece a dos motivos. Primero: mi pierna derecha. Segundo: mi pierna izquierda”.

Fontanarrosa no buscaba cambiar el mundo, simplemente se propuso hacerlo más divertido. Buscaba hacer reír, ya que él lo consideraba como una parte fundamental de la vida, y era lo que le exigía siempre a sus amigos, de los que se nutría constantemente. “Dada la dureza de los tiempos que a uno le toca vivir, el humor se convierte en un producto de primera necesidad”.

Revolucionó el lenguaje gráfico en sus diferentes formatos. Publicó cientos de cuentos, miles de páginas de historietas y chistes. Sus dos grandes personajes se han vuelto insignia del comic local, con los 31 tomos de Inodoro Pereyra, y los 13 de Boggie el aceitoso.

 Su pasión por la risa y el hacer reír no lo dejó tranquilo, sino que la transformó en personajes y relatos que marcaron época. Escribió 3 novelas y 14 libros de cuentos, entre los que se destacan El mundo ha vivido equivocado, Uno nunca sabe, No sé si he sido claro, El rey de la milonga, El viejo y el árbol, La observación de los pájaros y 19 de diciembre de 1971.

  No se trataba de una escritura académica. Algunos podrían decir que escribía mal, pero poco importaba por todo lo que lograba. Su escritura era genial por la suma de diversos factores: había ironía, sátira y humor. No buscaba caer en clichés o lugares comunes, él tenía esa impronta distintiva, y buscaba representar a los argentinos en sus cuentos e historietas. Eso fue lo que lo representó, y lo convirtió en uno de los mejores escritores de Argentina, y un símbolo de Rosario.

“No Aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy pagado cuando alguien se me acerca y me dice: Me cagué de risa con tu libro”

 El Negro siempre se río de uno mismo, y de la misma forma invitaba a la complicidad, al mirarse desde el propio lugar. Sentía que el humor de afuera no podía ser el de acá, porque no eran las mismas condiciones, ni climáticas, ni políticas o ideológicas. Le dio a la literatura argentina un relato del habla cotidiana.

 Por otro lado, sus trabajos salieron del papel, y vieron su espacio en la gran pantalla. Colaboró con la impronta de sus dibujos en Martín Fierro (2006), fue guionista en Cuestión de principios (2009), e inspiró la película animada Metegol (2013). También se adaptó su escritura con el ciclo “Los cuentos de Fontanarrosa” (Disponible en YouTube) y con la película “Fontanarrosa, lo que se dice de un ídolo” (2018).

A mí no me va eso del Nirvana o los jardines con minas tocando la flauta… A los dos días ya te querés cortar las pelotas. Yo al cielo le pondría canchitas de fútbol y un par de bares, porque en el bar estás en tu casa y a la vez estás balconeando la calle”.

Rosario

¿Qué lo parió? Él resaltaba que el humor tenía el beneficio que podía hacerlo desde donde quisiera. Pero no se fue al Caribe o a una isla paradisiaca. Era un pez en el agua y tenía un sentimiento de pertenencia y complicidad con la ciudad. “Un humorista podría estar en cualquier lugar del mundo y su trabajo no cambiaría, porque el lenguaje del humor es universal

Rosario siempre le pareció una ciudad muy “vivible”, acompañada por lo afectivo. Nació y se crio en su departamento de Catamarca y Corrientes; y acá era donde se encontraban todos sus amigos, su familia y el cuadro de sus amores. Además, el Negro sabía que todos los días a las 18 sus amigos lo esperaban en su mesa de siempre en El Cairo. Ese lugar, y más específicamente, “La mesa de los galanes”, fue el sitio que le permitió pensar sus mejores relatos y compartir charlas que harían historia.

“Somos creativos, a falta de paisaje Rosario tiene lindas minas y buen fútbol. ¿Qué más puede pretender un intelectual? Esa es mi respuesta cada vez que me preguntan por qué vivo en Rosario.”

Párrafo aparte merece su amnistía a las malas palabras. Si había alguien en Latinoamérica que no lo conociese, a partir de ese día empezaría a quererlo. El vídeo, que se mantiene en vigencia luego de 16 años, muestra toda su genialidad resumida en unos minutos. Porque en definitiva fue eso, una síntesis de lo cotidiano, y de cómo nos expresamos en nuestros ámbitos diarios, llevando todas estas costumbres a los mejores y más queribles cuentos y personajes.

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